martes, 14 de junio de 2016

¿Y qué pasa si no siempre puedo estar ahí? El miedo a no saber ser buena influencia para los hijos

En estos días que se avecina la celebración del día del padre, surgen en los medios televisivos muchos espacios en los cuales se comenta de la importancia que tiene el padre para los hijos en términos de la influencia que pueden tener para ellos ya sea para bien o para mal.

Me encontraba conversando con un amigo que estaba escuchando uno de estos programas y me manifestaba que no se había percatado realmente hasta ese momento, de la importancia que sus acciones pueden tener para influir en su hija, a quien apenas ve un par de veces al mes, producto de vivir separado por razones que ya muchos de nosotros conocemos y que muchos padres experimentan.

En muchos casos, los padres solamente son vistos como proveedores, como simples billeteras que están ahí para satisfacer todas las necesidades económicas de sus hijos, pero rara vez son vistos como algo más trascendental.

Pues bien, las acciones valen más que las palabras, y las acciones son aquello que los niños observan y absorben con más facilidad, incluso más facilidad que los mismos adultos. Así que cuando se trata de manera descortés a la pareja, o se utilizan malas palabras en el hogar, o cuando no se trabaja hombro a hombro con la pareja para llevar adelante un hogar... En fin, cuando no se es un buen ejemplo para los hijos, y somos un reservorio de vicios y de malos hábitos, existe una gran probabilidad de que nuestros hijos sigan estos mismos pasos, o incluso es posible que en el futuro, decidan establecer relaciones de pajera con personas que se asemejen a esta forma de actuar y a este conjunto de "características" que sus padres han moldeado desde la infancia.

Pero no todo es tan malo como parece, o al menos, dicho de manera más responsable, la esperanza surge pues la habilidad para inclinar la balanza en favor de un futuro más próspero para nuestros hijos se encuentra en nuestras propias acciones. Y esas, sí las podemos cambiar y encaminar a nuestra voluntad con dedicación a tal grado que podrán marcar la vida de nuestros hijos para siempre, para bien o para mal.

Conversando con mi amigo, quien ahora se encontraba más consciente de lo que una mala actitud podría implicar para su pequeña hija, le comenté acerca de una historia digna de tomar en cuenta para motivar a todos aquellos que por una u otra razón, y al igual que mi amigo, se encuentran lejos de sus hijos y por distintas problemáticas sociales, no pueden reconciliarse con sus ex parejas y no tienen más opción que ver por muy poco tiempo a sus pequeños.

Le dije entonces que yo tengo un amigo, a quien quiero y admiro mucho, que viene de una familia muy pobre, de estas familias que ni refrigerador tenían, solía vivir en un barrio donde reinaba el consumo de drogas. Adicionalmente no estuvo mucho tiempo con la madre, la abuela y la madrastra lo maltrataban mucho. Sin embargo, él admiraba mucho a su papá, quien a su vez, era una gran persona, y a pesar de que su padre murió cuando él tenía sólo 10 años, siempre fue su modelo a seguir.

En la actualidad aquel niño que estuvo rodeado de tantas razones para convertirse en alguien más acorde con su entorno, es un profesor en una universidad, de dos colegios públicos y uno privado, cuenta con cinco títulos universitarios, tres de ellos los sacó en una de nuestras prestigiosas universidades públicas como lo es la Universidad Nacional, y ahora está tratando de sacar una maestría en la Universidad de Costa Rica.

Cuando uno se relaciona con él, se puede percibir a una persona muy humilde, sin vicios, con una gran conciencia y preocupación por dar buena educación a sus estudiantes, preocupado por el medio ambiente, y con una alta conciencia social.

Con el esfuerzo de su trabajo y su tenacidad, ahorró dinero, se compró un lote y construyó su casa, él mismo construyó muchos de los muebles que actualmente utiliza en su hogar, compró su carro, ha disfrutado del placer de viajar... ¡Es todo un luchador!

Así pues, de una familia y un ambiente que pudo haber producido otro malhechor para la sociedad, lo que surgió fue ¡Un diamante!

¡Y gran parte por la influencia del padre!

Entonces, es posible, le dije a mi amigo, que si usted lucha por ser un mejor ser humano cada día, y le inculca a su hija valores, que sean consecuentes con sus acciones, ella luche por ser también una mejor persona, y que pueda forjase un futuro mejor con el paso de los años y con cada pequeña decisión que tome.

Por lo tanto, no sienta miedo si cree que no puede influir de alguna forma en el futuro de su hija, comparta con ella, fórmela, enséñele las cosas que realmente importan, sea usted ese ser humano que defina el estándar del tipo de persona que quiere que su hija sea, y con el tipo de persona que su hija se quiera relacionar más adelante.

Usted es su padre, y puede ayudar a crear un mejor ser humano, tiene la opción en sus manos, no deje que el miedo le arrebate esa posibilidad. Piense en la historia de vida que acabamos de compartir, ese padre solo tuvo diez años para compartir con el hijo, pero esos diez años realmente marcaron la diferencia que permitió a un niño convertirse en esa excelente persona que es hoy en día.