lunes, 5 de noviembre de 2018

¿Miedo al cambio? Cuando el miedo a la soledad es más grande que el miedo a estar con una mala compañía (Parte II)

Parte I

En una primera parte estuve desarrollando ciertas ideas, relacionadas al hecho de que gran cantidad de personas, poseen una mala calidad de vida en sus rutinas diarias, pero que no se detienen a pensar, si el posible motivo de su tristeza y su preocupación se debe a que quizás, se encuentran atadas a una persona que no les conviene debido a temas relacionados con el machismo y/o la violencia, entre otros.

Ahora, en esta segunda parte, pienso abarcar otros aspectos que podrían surgir en estas relaciones como lo son: la codependencia, la privación de libertad, los abusos, los vicios y la infidelidad. La primera parte de este artículo se encuentra disponible aquí: ¿Miedo al cambio? Cuando el miedo a la soledad es más grande que el miedo a estar con una mala compañía (Parte I)

¡La Codependencia y la Privación de Libertad!

Existe una cantidad de chistes, y comentarios entre familiares y amigos, que tienen que ver enormemente con estas situaciones donde las parejas no tienen tiempo para "actuar por separado", o bien, se quejan abiertamente con sus amigos (pero nunca delante de sus parejas) de que no pueden ir a X o Y actividad porque si no, sus parejas "les arman un gran pleito".

Hay que tener muy presente que estar en una relación no es sinónimo de perder la libertad ni la individualidad, y cuando digo relación, me refiero a todos los tipos de relación, llámese matrimonio, unión libre, noviazgo, matrimonio igualitario, concuvinato escandaloso, etc. Es cierto también, que cuando se vive en pareja y se comparten responsabilidades, no se puede vivir con una actitud de pasar de fiesta en fiesta mientras que la pareja carga con toda la responsabilidad del hogar, los hijos, etc., todo tiene un balance, y tampoco es cierto que vivir en pareja implica tener que ir a todas las actividades que el otro propone, es muy válido decir: Hoy me gustaría quedarme en la casa, vaya usted a la actividad y más tarde nos vemos. O Vaya usted a su actividad y yo voy a salir con mis amigos. No debería haber ningún tipo de problema por tomar este tipo de decisiones. Una pareja está conformada por dos personas independientes, con distintos gustos, expectativas e ideales.

Honestamente no sé qué soluciones prácticas podría plantear para las relaciones tóxicas que ya tienen años de "sobrevivir" de la manera en que viven. Sospecho que la forma más efectiva, sería dar un primer paso y decir: Tenemos que hablar de algo que me ha incomodado por años. Y ahí, en el acto, comenzar a hablar francamente, acerca de lo incómodo que ha sido haber cortado relación con amigos, familiares, haber dejado de ir a celebraciones de cumpleaños de sus seres queridos, porque su pareja sólo puede vivir y respirar a través de él o ella. Y si la franca apertura de este diálogo termina en una infernal discusión, pues sólo hay 2 caminos viables: la ruptura definitva o la terapia de pareja.

Pero, para aquellas relaciones que aún están estructurándose, hay grandes esperanzas, y la clave es defender la independencia de cada uno desde un inicio. Recuerdo un caso de una relación que justo estaba surgiendo, donde uno de los dos requería tiempo algunos fines de semana para terminar sus deberes académicos. Pero sentía la terrible necesidad de ofrecer muchas disculpas a su pareja ya que no se podían ver ciertos fines de semana. Aquí especulo, que posiblemente esta persona venía de una serie de relaciones donde sacar tiempo para sí mismo no era bien visto y de ahí esta conducta de sentirse culpable por cumplir con sus metas personales.

Afortunadamente su nueva pareja sí entendía los límites individuales con claridad, y con el tiempo, esta conducta fue cambiando, al punto de lograr un balance óptimo donde las siguientes ocasiones con una simple charla quedaba claro si podían o no verse en algún determinado fin de semana, ya sea porque tenía que cumplir con tareas, o porque quería reunirse con sus excompañeros del colegio y la otra persona no podía o simplemente no quería acompañarlo; todo con total libertad y madurez, sin dramas, sin gritos, sin golpes, sin resentimientos.

No sé si para algunos que estén leyendo esto, les parezca sumamente utópico, lejano, imposible. Si usted al leer esto, considera que no es factible vivir su relación de pareja de esta manera, que su pareja (o usted) JAMÁS aceptaría algo así, déjeme decirle que es terriblemente probable que se encuentre en una relación de codependencia. Por lo tanto, mi consejo aquí es que se asesore con una persona profesional, busque ayuda, y si efectivamente llega a la confirmación de esto, convérselo con su pareja, y reitero: ¡Busquen ayuda! (Nota: si desea conocer un poco más a fondo sobre la codependencia le invito a leer este breve artículo publicado por Phrònesis titulado: Parejas tóxicas: la pareja codependiente).

¡Los Abusos!

Los abusos a los que quisiera referirme son particularmente aquellos que para muchas parejas no parecen tan obvios. No quisiera referirme en esta sección a abusos de tipo físico, piscológico o sexual, porque específicamente este tipo de abusos van más allá de lo desarrollado en la sección de conductas violentas, y considero que ni siquiera debería dedicar energía en hacer algún tipo de análisis para valorar si se debería seguir o no, emparejado con alguien que comete algún tipo de estos abusos, pues a todas luces es lógico que la respuesta es un rotundo NO.

Los abusos a los que me refiero aquí son en general, abusos de tipo financiero, o bien abusos donde uno de los miembros de la relación explota al otro. Quizás para entenderlo mejor, podemos utilizar algunos ejemplos de abusos que he observado en algunas parejas:
  • Decirle a la pareja que pague el paseo familiar y que tan pronto tenga el dinero disponible, le reintegrará su parte, cuando en realidad, esto nunca sucede.
  • Solicitarle (e incluso exigirle) a la pareja que realice un servicio de "transporte improvisado" para poder cumplir una serie de encargos para sus familiares sin siquiera retribuirle de manera económica los gastos que esta labor implica, como por ejemplo, realizar largos viajes para acompañar a los suegros a realizar las compras semanales como si esto fuera su responsabilidad.
  • Esperar que sólo uno de las partes sea siempre el que pague las salidas al cine, restaurante, etc., a pesar de contar ambos con un salario.
  • Esperar que sea sólo uno de los dos el que siempre se encargue de las labores domésticas a pesar de tener que cumplir ambos con un horario de trabajo formal.
  • En síntesis, se trata aquí de aquellas situaciones donde la persona se siente explotada, abusada, usada y que se encuentra en una relación no equitativa. 
Hay que ser claros, existen muchas ocasiones perfectamente aceptables, donde alguna de las partes ofrece de manera gustosa e incondicional, su ayuda en situaciones que van más alla de la vida en pareja, situaciones como las mencionadas en la lista anterior. Pero, debe estar claro también, que dichos gestos siempre deben ser voluntarios, opcionales, de libre decisión. La relación debe ser recíproca y en el momento en que la situación se torne repetitiva y abusiva es cuando el problema se manifiesta. Y el detonante más evidente es: la sensación de sentirse usado.

Este aspecto me parece de particular interés, pues he visto varios casos como los ilustrados anteriormente, donde la naturalidad con la que ocurren, hace que la persona quien sufre de este tipo de abusos presente dificultades para salir de este círculo vicioso. El tiempo pasa y pasa deteriorando la relación y creando resentimientos que al no ser canalizados ni analizados, terminan arruinando años de relación cuando desde un principio se pudo haber conversado sobre la problemática que se estaba viviendo.

¡Los Vicios!

Sé que esta lista se volvió sumamente larga, y espero que no mucha gente tenga que lidiar con la pesadilla de tener que convivir con una persona viciosa. Sin embargo, este ítem está aquí porque personalmente he sido testigo de más de un par de relaciones de pareja donde uno de los integrantes tiene algún tipo de vicio, y por ellos es que esta sección existe; pues es claro que deben haber más personas que lidian con este tipo de situaciones.

Lamentablemente los casos que conocí no terminaron bien, aquellas relaciones acumulaban varios años; pero tristemente, también acumulaban decepciones, momentos de gran angustia, de rabia, de impotencia, de segundas oportunidades que se convertieron en quintas oportunidades y más allá. Hasta que al fin, aquella persona que no tenía el vicio, entraba en razón, y entendía que aquel proyecto de vida no tenía futuro, cosa que al parecer todos a su alrededor sabían menos quien tenía que tomar la decisión.

Intentar construir un proyecto de vida con una persona adicta al alcohol, o a algún otro tipo de estupefaciente es algo sumamente arriesgado. Implica un torbellino de emociones negativas como las descritas anteriormente y más. Muchas veces se cae en el papel de vivir como un mártir, e incluso se podría decir que la codependencia juega un rol primordial aquí también. Pues de alguna manera la pareja se siente culpable de terminar la relación, se siente responsable del afectado, y aquella relación de amor, se vuelve fraternal, de cuido, una relación de buen samariano.

Identificar esto es importante, pues actuar de buen samaritano no está del todo mal. Simplemente, termine la relación, conviértase sólo en amigo de la persona, apóyele, pero vaya usted y construya una relación amorosa con alguien más acorde a su perfil cuando haya superado esta etapa. No es necesario encadenarse a quien no quiere salir del vicio, pues de lo contrario, serán dos almas sufriendo (y una de ellas por puro gusto).

Personalmente creo que no se debe tomar a la ligera este tipo de defecto a la hora de emparejarse con alguien. Una persona que no puede controlar su apetito por el vicio es una sentencia clara de inestabilidad laboral, y por ende, también implica una muy probable inestabilidad económica llena de carencias, no sólo financieras, si no afectivas y de realización personal. Vivir con ese grado de incertidumbre está lejos de ser el modelo ideal de proyecto de vida en pareja, pues está lleno de promesas rotas, de recaídas, de fracasos, de proyectos a futuro que nunca verán la luz. Imagino que hay quienes han podido salir adelante, pero en mi muy personal opinión, si usted se encuentra en una situación similar, mi consejo sería que inste a la persona a buscar ayuda lo más pronto posible. Esperar a que la persona se autocorrija es en la mayoría de los casos una ilusión, que se termina apagando con los años y con las constantes e interminables recaídas.

¡Las infidelidades!

El tema de la infidelidad es posiblemente el más temido y más común de todos. Es también una situación inevitable, pues no existe forma humana posible de tener control de esto por más que hombres y mujeres hagan un despliegue de técnicas, y violen leyes (como invadir la privacidad del otro al revisarle sus dispositivos móbiles) para asegurarse que no están siendo víctimas de infidelidad.

Entonces, más que un apartado para discutir acerca de estrategias para asegurarse que su pareja no le es infiel, es una sección en la que trato de esbozar algunas ideas para asimilar, que ningún tipo de control les garantizará la fidelidad de la persona amada. Este es, sin duda, un tema terriblemente complejo, pues hay quienes por alguna razón, no pueden dejar de ser infieles, por más apertura y comunicación que exista en la relación "oficial".

Conozco la historia de dos casos donde sucedió exactamente lo mismo: la víctima de infidelidad, era una persona emocionalmente madura, estable, abierta y comunicativa; que expresó a su compañero(a) sentimental, la importancia de la fidelidad, e incluso dejaron claro que si en algún momento aquel amor se acababa, se anunciara con total transparencia tal hecho y entonces, sin mayor problema disolver así la relación.

Ante una historia como la anterior, uno podría pensar que ya todo estaba claro y que no habría entonces problema alguno. La sorpresa es que en ambas historias, el resultado fue toda una pesadilla; la persona infiel, no tuvo el valor de admitir que no estaba respetando la relación, y por mucho tiempo, cometieron infidelidades, hasta el punto de llevar dobles vidas, tenían otro celular y le decían a sus amantes que su relación actual era terrible, que estaban por terminar; pero, con sus parejas formales no había realmente ningún problema, o al menos, no parecía existir alguno y lejos de manifestar descontento, siempre afirmaban estar muy felices a su lado.

Aunque muchas personas insistan en desconfiar de sus respectivas parejas, es realmente difícil llegar a conclusiones irrefutables de tal hecho. Sin embargo, siempre hay señales, y contrario a lo que la gente cree, esas señales no están únicamente ocultas en los dispositivos móbiles, en sus cuentas de redes sociales, o en sus correos. Están a simple vista: en sus actitudes hacia la pareja.

Cuando la persona está cometiendo una infidelidad, las cosas comienzan a volverse misterioras, las actitudes se transforman, los horarios cambian de manera repentina, aquellas conversaciones abiertas y agradables comienzan a disminuir, se incrementan los secretos, así como las historias que no calzan entre ellas, las mentiras comienzan a ser más frecuentes y evidentes.

Lamentablemente, no hay forma efectiva de identificar una infidelidad, así que, lo único que me queda por decir aquí, va dirigido más que todo a aquellas personas que han pensando en algún momento en cometer una infidelidad o que ya las están cometiendo.

Considero que lo más viable aquí sería optar por el camino de la sinceridad. Para mencionar un ejemplo, muchos hombres creen que las mujeres sólo quieren relaciones serias, pero se sorprenderían de la gran cantidad de mujeres que sólo quieren disfrutar de su sexualidad libremente, sin tabúes, ni complejos, ni ataduras. Así que, atrévanse a ser sinceros, si en algún momento, piensan entablar una relación formal sólo para conseguir una oportunidad de tener sexo, no escojan ese camino, no hace falta engañar a nadie, no hace falta destruir corazones, ni autoestimas, ni enviar a nadie a terapia por algo tan básico. Mejor sean directos, sería más valioso decir: En este momento no estoy buscando nada serio, sólo quiero pasarla bien y ya. Sin embargo, hay que tener en cuenta el uso de protección, no sólo para evitar un embarazo no deseado, si no, para evitar las enfermedades de transmisión sexual (ETS).
La gente en general no tiene ni idea de los altos índices que están incrementándose de nuevo por enfermeades como el SIDA. Si ud está con una persona de quien sospecha puede estarle siendo infiel, pues practique relaciones sexuales con él o ella haciendo uso de la protección adecuada. Nadie más que usted es la persona responsable directa de cuidar su salud. Hágase un chequeo en algún laboratorio para detectar algún tipo de ETS. Pruebas como la de ELISA son muy eficaces para detectar inicialmente si hay algún tipo de anomalía, converse con su pareja para someterse ambos a dichas pruebas.

Tenga presente también que si una persona contagia a otra con el VIH (o alguna otra enfermedad de transmisión sexual), esta segunda persona puede demandar legalmente a la primera y enviarle a la cárcel. Es obligado por ley decirle a la persona con quien se tiene relaciones su estado de salud en caso de tener algún tipo de enfermedad sexualmente contagiosa. Pues de acuerdo al artículo 130 del Código Penal sobre Contagio venéreo, se dice que: "El que sabiendo que padece una enfermedad venérea, contagiare a otro, será sancionado con prisión de uno a tres años. Este hecho solo es perseguible a instancia privada."

¡Mejor solo(a) que con una mala compañía!

Ya viene siendo momento de ir cerrando este artículo, y sé que aún faltan muchas cosas que no fue posible incluir aquí. Espero que de alguna manera lo escrito acá sea de utilidad para mejorar la calidad de vida de almenos una persona. Existen muchas variables que nos afectan, que moldean nuestra visión de mundo, y a veces, este contexto en el que vivimos inmersos nos hace creer que las cosas son así porque sí y no tenemos posibilidad de cambiarlas, pero en realidad, sí podemos cambiar muchas de esas cosas.

Así que, recuerde que si en su mente está de manera constante el temor de ser víctima de infidelidad, el problema no necesariamente es de su pareja, el problema podría ser totalmente suyo. Trabaje en su autoestima, en su confianza, analícese, y piense en aquello que dispara esta conducta que afecta tanto a usted como a su compañero(a). Simplemente no está bien eso de exigirle atención exclusiva al otro, de "prohibirle" tener sus propios proyectos, de no aceptar que su pareja desea tiempo libre para reencontrarse con sus amigos, visitar a sus seres queridos, etc.

Tampoco está bien gritar, manipular, humillar, o explotar a la persona amada. Relaciones basadas en este tipo de dinámicas no son convenientes. Resignarse porque se vive rodeado de relaciones de parejas tóxicas tampoco es la respuesta. Sin embargo, hay que tener claro nuestro propio comportamiento, pues como mencioné en uno de los apartados anteriores, existen momentos en los que reforzamos conductas inapropiadas cuando pensamos que el otro tiene derecho a decidir sobre nuestro tiempo libre, sobre nuestros gustos, nuestra forma de vestir, sobre nuestros círculos sociales y redes de apoyo. Nadie es dueño de la vida de otro ser humano.

Las relaciones deben ser libres, pues de lo contrario, ¿Cómo podrían sobrevivir al implacable paso de los años? Cierro aquí con una frase de Jean-Paul Sartre que dice:
Aquel que quiere ser amado, debe querer la libertad del otro, porque de ella emerge el amor, si lo someto se vuelve objeto, y de un objeto no puedo recibir amor.

viernes, 2 de noviembre de 2018

¿Miedo al cambio? Cuando el miedo a la soledad es más grande que el miedo a estar con una mala compañía (Parte I)

Hace un par de semanas volvía una amiga de una fiesta y me comentó que se encontró con una prima a la que hace algún tiempo no veía. Me dijo que se sentía preocupada pues no la veía feliz. Al parecer se encontraba con algunos problemas con su esposo y en ocasiones la sacaba de sus casillas. Entonces le pregunté: ¿Y Usted pudo darle algún consejo? ¿Supo por qué el esposo la sacaba de sus casillas? Tristemente mi amiga no profundizó en el asunto pues le dió pena inmiscuirse en los problemas de su prima por lo que se limitó a escuchar sus infortunios y a asentir cuando se sentía identificada con lo que se le estaba contando.

En los últimos años se ha venido dando un terrible incremento de situaciones de violencia que para sorpresa de muchos terminan en crímenes y más específicamente en femicidios. Pero también existe un enorme porcentaje de relaciones que sobreviven porque una de las partes está convencida que todas las relaciones son iguales, y que si se quiere ser feliz con alguien, hay que sacrificarse para poder sobrellevar una relación de pareja.

La razón por la que estoy escribiendo esto el día de hoy es porque he escuchado tantas historias, y tantas veces la misma justificación enmascarada en distitntas excusas, que es realmente preocupante ver a una gran cantidad de personas que día a día viven sus rutinas y jamás se detienen a pensar por un minuto, si el motivo de su tristeza y su preocupación se debe a que talvez y solo talvez, se encuentran emparejadas con una persona que posiblemente no les conviene.

Lo que estoy tratando de plantear aquí es de hecho bastante complicado, pues ¿Cómo puede uno saber a ciencia cierta si alguien le conviene o no? Habría además que analizar caso por caso para conocer qué motivos podrían estar afectando la relación y ver si en realidad se debe a que la persona con quien estamos emparejados verdaderamente no nos conviene (e incluso, y más aterrador aún, podríamos ser nosotros mismos quien no le conviene a la otra persona).

Lo cierto del caso es que, siempre es bueno hacer uso del sentido común y ponerle atención a nuestro instinto. Pero sobretodo, es importante hacer un alto en la rutina para analizar el camino recorrido, ver de donde hemos salido y claramente revisar de manera responsable si estamos llegando a donde queremos llegar. Lo que se debe evitar a toda costa es actuar en modo "automático", y con esto me refiero a que no es posible que simplemente hagamos las cosas porque "es lo que la gente hace" o porque "siempre ha sido así".

Lo primero que deberíamos tomar en cuenta cuando pensamos en el tema de las relaciones en pareja, es preguntarnos ¿Para qué queremos una pareja? Y seguidamente de responder esa pregunta considero que también deberíamos tomar unos momentos de nuestro tiempo para respondernos ¿Cómo imaginamos a la persona adecuada con la que queremos formar una pareja? Es claro que de la pareja ideal a la pareja real, hay mucha tela qué cortar. Pero lo importante de estas dos preguntas, radica en el hecho de darse cuenta que:
  1. Uno no puede pretender encontrar una pareja para ser feliz. Primero se debe alcanzar la felicidad solo, pues de lo contrario, la pareja será vista como una necesidad y no como una elección.
  2. Si uno no es feliz solo, tampoco lo será acompañado, la pareja no debe ser vista como un elemento que va a llenar esas carencias existenciales a la que nos enfrentamos. Es muy probable que una persona que por sí sola es infeliz, al emparejarse hará infeliz al otro.
  3. Es importante conocerse a uno mismo para poder elaborar de alguna forma, una idea de las características que admiramos de otros seres humanos.
  4. Aunque mucha gente suele pensar que opuestos se atraen e iguales se repelen, lo cierto es que en el mundo de las relaciones amorosas, es importante contar con varios aspectos en común para que la relación funcione de manera más natural.
  5. Continuando con el punto anterior y a manera de exponer un ejemplo práctico, será fácil para muchos asimilar lo complicado que puede llegar a ser encontrarse en una relación donde uno de los integrantes le encanta el deporte y el otro es más sedentario, o donde uno de ellos es alcohólico y el otro odia el licor. O bien donde uno de ellos posee una serie de ideas machistas y la otra persona se apega a una forma de vida donde las personas poseen los mismos derechos y deberes sin importar su género.
Así pues, y luego de analizar la lista anterior, es claro que si la persona se conoce bien a sí misma y tiene claro el tipo de persona con el que gustaría emparejarse, tendrá menos problemas estableciendo relaciones de pareja que otro ser humano que no tiene ni la más mínima idea de lo que quiere en la vida y que simplemente se deja llevar por aspectos físicos. Una persona que se haya tomado el tiempo de pensar en estas consideraciones, tendrá claro si es capaz de relacionarse con una persona machista o no, con vicios o no, celosa, codependiente, agresiva, o que posea una escala de valores muy distinta a la propia (por ejemplo personas que tienden a ser infieles versus personas que valoran mucho el tema de la fidelidad).

Existen una serie de aspectos que deberían tomarse en cuenta a la hora de valorar si estamos con la persona correcta o no, y valorar también, si es posible hacer algo al respecto antes de cortar por lo sano y antes de que sea demasiado tarde. Al tratar de listar las razones que han causado más problemas entre las parejas (al grado de pensar que no es conveniente que sigan juntas), pareciera que los motivos que surgen más frecuentemente y dentro de los que más afectan se encuentran: el machismo, las conductas violentas, la codependencia, la privación de libertad, los abusos, los vicios y por supuesto no puede faltar la infidelidad. Y aunque son temas muy amplios, en esta primera parte intentaré mencionar lo que personalmente considero más relevante de los primeros dos, en un segundo artículo continuaré con cada uno de los demás aspectos.

¡El machismo!

Volviendo a la historia de mi amiga, para comenzar a hablar de casos específicos, resultaba que lo que estaba pasando con su prima, era que se encontraba ella casada con un hombre muy machista (esto lo estoy diciendo yo, no tengo idea si la prima de mi amiga realmente sabrá la clase de joyita que tiene en su casa). Hablamos aquí de que la prima había ido a la dichosa fiesta, pero estaba preocupada porque (y cito textual): Si nadie le daba comida a su esposo, se le iba a armar un gran problema cuando regresara a su casa.

¿Cómo es posible que aún en esta época escuchemos historias como estas? Es claro que el sujeto en cuestión tiene manos y tiene por lo tanto las mismas posibilidades de prepararse él mismo sus propios alimentos como estoy seguro que la prima de mi amiga también lo puede hacer. ¿Quién se encarga de enseñarle a nuestros jóvenes que formar una relación de pareja implica que uno de los dos tenga que trabajar para el otro como si estuviéramos hablando de un empleo doméstico? ¿Qué expectativas tienen las partes involucradas cuando deciden establecer una relación de pareja? ¿Conversan las parejas sobre estas expectativas?

Imagino que deben haber casos de parejas lo suficientemente maduras como para adelantarse a los hechos y antes de seguir avanzando en la relación, deciden sentarse a conversar acerca de estos temas con el objetivo de tener claro qué esperar de una vida a futuro con ese ser amado. Pero el caso de muchas otras parejas no es ese. Muchas otras incluso se aventuran a tomar un rol que posiblemente ni siquiera fue planeado, solo asumido, y caen en el error fatal de ajustarse a dichos roles sin pensarlo, creando hábitos que posteriormente se convertirán en reclamos cuando una de las partes ya no quiera o no pueda cumplir con lo establecido.

Tal es el caso de muchas familias donde la madre es la que cocina, lava, ordena la casa, etc. mientras los hijos ven televisión y su esposo pasa el tiempo viendo su celular. ¿Conversó esta pareja al inicio de los tiempos acerca de cómo irían a ser las cosas en el futuro hogar que irían a construir? ¿O será posible que tal vez y solo tal vez uno de los dos asumió (o inlcuso los dos asumieron) que así sería la vida y el otro se adaptó (para bien o para mal) a su nuevo rol sin siquiera analizarlo?

Estoy seguro que cada uno de nosotros puede tener una idea de porqué muchas personas asumen que las relaciones son de cierta forma, basado en una infinidad de ejemplos que tenemos en nuestras propias vidas, y las vidas de nuestras familias, esas imágenes que aparecen en las redes sociales que afirman y reafirman ideas nefastas ocultas en "lindas" y "tiernas" frases que dicen cosas como: Mamá nunca descansa. Mamá siempre será la última en quedarse a dormir, etc. Lo cierto es que nos encontramos en un momento de transición en el que los roles tradicionales no encajan más con las nuevas formas que tienen las personas de relacionarse.

Por años las mujeres se encargaban de las labores reproducitvas (criar a los hijos, dedicarse a las labores del hogar al 100% por lo que no cuentan con independencia económica, lo que las pone en una terrible situación de desventaja), mientras que los hombres se encargaban de las labores productivas (ir a trabajar y encargarse de los aspectos económicos del hogar, y claro contaban con la ventaja de quedarse en una muy cómoda posición de poder al ser el dueño del poder económico.). Pero actualmente las mujeres están trabajando y aún siguen asumiento prácticamente en su totalidad el rol reproductivo, reforzado por los aspectos descritos arriba.

Entonces, volviendo al tema original, muchos de los problemas que pasan en las relaciones con personas que no nos convienen, surgen del hecho de que las partes involucradas asumen que la relación será de cierto modo, pero nunca se detienen para conversar dichas ideas asumidas por cada uno. Retomando lo expuesto anteriormente, sería lógico entonces, que una de las partes asuma, que casarse implique tomar de lleno las labores del hogar simplemente porque es mujer, y que el otro asuma que debe hacerse cargo de todas las responsabilidades económicas de la casa por ser hombre, incluso a pesar de que sean los dos quienes cuenten con un trabajo remunerado.

Por lo tanto, si se encuentran familiarizados con una situación en la que su pareja es prácticamente un infante al que usted debe darle de comer, lavarle, plancharle, si se siente que no puede salir sin pedir permiso, si se ha quedado sin amigos por "salvar" esa relación, etc., sería bueno que invierta tiempo en analizar si está usted ante una relación de este tipo. De ser así, es claro que debe sentarse con su pareja y conversar al respecto con el fin de entender si será posible cambiar esa mentalidad.

Si existe un compromiso de cambio, se podría decir que la relación es rescatable (aunque en muchos casos lo recomendando es buscar ayuda profesional, pues cambiar a una persona machista no es tarea fácil). Si de plano la persona no quiere cambiar, y se mantiene firme en sus ideales de que la mujer nació para dedicarse al hogar, y que no debe tener independencia económica (entre otras atrocidades), lo más recomendable es que salga de ahí y no vuelva nunca jamás.

¡Las Conductas Violentas!

Con respecto a los temas de violencia, es sumamente extraño que una persona de buenas a primeras reaccione golpeando hasta matar a la persona que ama. Este tipo de conductas son casi siempre de carácter gradual. Por esta razón es importante prestar atención a detalles que de alguna manera permitan saber de antemano que se está interactuando con una persona violenta.

Por lo general, son personas que ante ciertas situaciones tienen un tipo de reacción que inicialmente es enérgica, suelen hacer algún tipo de sonido para indicar que algo les ha hecho perder la paciencia. Por otro lado, cuando la máscara va cediendo y revelando a la persona real, el siguiente paso es golpear o tirar cosas, romperlas; si la pareja normaliza este tipo de comportamientos, y los deja pasar con la esperanza de que ya no ocurran más, es cuando muy probablemente, la siguiente reacción sea la agresión física.

Ahora bien, no deberíamos pensar nada más en la agresión física cuando se habla de conductas violentas, la agresión tiene muchas caras, y puede ser también de carácter verbal, que causa grandes daños en el ámbito psicológico. Por lo tanto, la condición de alarma en general que deberíamos tener presente para cualquier tipo de situación relacionada con violencia sería, en mí opinión, todo aquello relacionado con faltas de respeto.

Cualquier tipo de humillación, burla, gritos, o comentario que de alguna manera represente un tipo de ataque, es una señal importante que no debe dejarse pasar por alto. Aquí es necesario recordar, que estamos ante la persona a la que se supone que amamos, y a la que se supone que le podemos hablar con total libertad, la sufiente para poder decirle: Ey, ese chistecito que hizo acerca de mí, no me gustó, me hizo sentir mal y honestamente no quisiera que se vuelva a repetir algo así, no es gracioso.

Es entonces lógico, que para situaciones que escalan en el nivel de violencia, se debe ser más enfático(a), y si es el caso, sugerirle a la persona que busque ayuda profesional, y pausar el tema de la relación hasta tener la certeza de que la persona agresora en potencia demuestre su compromiso con erradicar tan molesta conducta.

La conducta violenta ha sido por años normalizada en los hombres, se dice muchas veces, que es algo común, que es parte de su biología, etc., pero lo cierto es que la violencia es aprendida y por lo tanto, es una conducta que no se debe permitir jamás en una relación de pareja (ni en otro tipo de relaciones). No debemos olvidar, que en la actualidad existen muchos esfuerzos en hacer que la sociedad esté más conciente de este tipo de actitud tan reprochable, pero además debemos tener en cuenta, que las mujeres, pueden ser también muy violentas y que en ellas estas conductas tampoco se deben dejar pasar por alto.

En resumen, no es para nada conveniente, ni inteligente, emparejarse con una persona que no sabe controlar su ira, que tiene manifestaciones irrespetuosas con sus seres queridos, y que no parece tener un compromiso fuerte con una idea de cambio, por más trabajador(a), honesto(a), fiel, atractivo(a), único(a) y especial que sea. El respeto es algo que NUNCA se negocia.

Parte II

Como mencioné anteriormente, en una segunda parte intentaré cubrir los demás motivos que considero que surgen con más frecuencia: la codependencia, la privación de libertad, los abusos, los vicios y la infidelidad. Dicho artículo se encuentra disponible aquí: ¿Miedo al cambio? Cuando el miedo a la soledad es más grande que el miedo a estar con una mala compañía (Parte II)