viernes, 2 de noviembre de 2018

¿Miedo al cambio? Cuando el miedo a la soledad es más grande que el miedo a estar con una mala compañía (Parte I)

Hace un par de semanas volvía una amiga de una fiesta y me comentó que se encontró con una prima a la que hace algún tiempo no veía. Me dijo que se sentía preocupada pues no la veía feliz. Al parecer se encontraba con algunos problemas con su esposo y en ocasiones la sacaba de sus casillas. Entonces le pregunté: ¿Y Usted pudo darle algún consejo? ¿Supo por qué el esposo la sacaba de sus casillas? Tristemente mi amiga no profundizó en el asunto pues le dió pena inmiscuirse en los problemas de su prima por lo que se limitó a escuchar sus infortunios y a asentir cuando se sentía identificada con lo que se le estaba contando.

En los últimos años se ha venido dando un terrible incremento de situaciones de violencia que para sorpresa de muchos terminan en crímenes y más específicamente en femicidios. Pero también existe un enorme porcentaje de relaciones que sobreviven porque una de las partes está convencida que todas las relaciones son iguales, y que si se quiere ser feliz con alguien, hay que sacrificarse para poder sobrellevar una relación de pareja.

La razón por la que estoy escribiendo esto el día de hoy es porque he escuchado tantas historias, y tantas veces la misma justificación enmascarada en distitntas excusas, que es realmente preocupante ver a una gran cantidad de personas que día a día viven sus rutinas y jamás se detienen a pensar por un minuto, si el motivo de su tristeza y su preocupación se debe a que talvez y solo talvez, se encuentran emparejadas con una persona que posiblemente no les conviene.

Lo que estoy tratando de plantear aquí es de hecho bastante complicado, pues ¿Cómo puede uno saber a ciencia cierta si alguien le conviene o no? Habría además que analizar caso por caso para conocer qué motivos podrían estar afectando la relación y ver si en realidad se debe a que la persona con quien estamos emparejados verdaderamente no nos conviene (e incluso, y más aterrador aún, podríamos ser nosotros mismos quien no le conviene a la otra persona).

Lo cierto del caso es que, siempre es bueno hacer uso del sentido común y ponerle atención a nuestro instinto. Pero sobretodo, es importante hacer un alto en la rutina para analizar el camino recorrido, ver de donde hemos salido y claramente revisar de manera responsable si estamos llegando a donde queremos llegar. Lo que se debe evitar a toda costa es actuar en modo "automático", y con esto me refiero a que no es posible que simplemente hagamos las cosas porque "es lo que la gente hace" o porque "siempre ha sido así".

Lo primero que deberíamos tomar en cuenta cuando pensamos en el tema de las relaciones en pareja, es preguntarnos ¿Para qué queremos una pareja? Y seguidamente de responder esa pregunta considero que también deberíamos tomar unos momentos de nuestro tiempo para respondernos ¿Cómo imaginamos a la persona adecuada con la que queremos formar una pareja? Es claro que de la pareja ideal a la pareja real, hay mucha tela qué cortar. Pero lo importante de estas dos preguntas, radica en el hecho de darse cuenta que:
  1. Uno no puede pretender encontrar una pareja para ser feliz. Primero se debe alcanzar la felicidad solo, pues de lo contrario, la pareja será vista como una necesidad y no como una elección.
  2. Si uno no es feliz solo, tampoco lo será acompañado, la pareja no debe ser vista como un elemento que va a llenar esas carencias existenciales a la que nos enfrentamos. Es muy probable que una persona que por sí sola es infeliz, al emparejarse hará infeliz al otro.
  3. Es importante conocerse a uno mismo para poder elaborar de alguna forma, una idea de las características que admiramos de otros seres humanos.
  4. Aunque mucha gente suele pensar que opuestos se atraen e iguales se repelen, lo cierto es que en el mundo de las relaciones amorosas, es importante contar con varios aspectos en común para que la relación funcione de manera más natural.
  5. Continuando con el punto anterior y a manera de exponer un ejemplo práctico, será fácil para muchos asimilar lo complicado que puede llegar a ser encontrarse en una relación donde uno de los integrantes le encanta el deporte y el otro es más sedentario, o donde uno de ellos es alcohólico y el otro odia el licor. O bien donde uno de ellos posee una serie de ideas machistas y la otra persona se apega a una forma de vida donde las personas poseen los mismos derechos y deberes sin importar su género.
Así pues, y luego de analizar la lista anterior, es claro que si la persona se conoce bien a sí misma y tiene claro el tipo de persona con el que gustaría emparejarse, tendrá menos problemas estableciendo relaciones de pareja que otro ser humano que no tiene ni la más mínima idea de lo que quiere en la vida y que simplemente se deja llevar por aspectos físicos. Una persona que se haya tomado el tiempo de pensar en estas consideraciones, tendrá claro si es capaz de relacionarse con una persona machista o no, con vicios o no, celosa, codependiente, agresiva, o que posea una escala de valores muy distinta a la propia (por ejemplo personas que tienden a ser infieles versus personas que valoran mucho el tema de la fidelidad).

Existen una serie de aspectos que deberían tomarse en cuenta a la hora de valorar si estamos con la persona correcta o no, y valorar también, si es posible hacer algo al respecto antes de cortar por lo sano y antes de que sea demasiado tarde. Al tratar de listar las razones que han causado más problemas entre las parejas (al grado de pensar que no es conveniente que sigan juntas), pareciera que los motivos que surgen más frecuentemente y dentro de los que más afectan se encuentran: el machismo, las conductas violentas, la codependencia, la privación de libertad, los abusos, los vicios y por supuesto no puede faltar la infidelidad. Y aunque son temas muy amplios, en esta primera parte intentaré mencionar lo que personalmente considero más relevante de los primeros dos, en un segundo artículo continuaré con cada uno de los demás aspectos.

¡El machismo!

Volviendo a la historia de mi amiga, para comenzar a hablar de casos específicos, resultaba que lo que estaba pasando con su prima, era que se encontraba ella casada con un hombre muy machista (esto lo estoy diciendo yo, no tengo idea si la prima de mi amiga realmente sabrá la clase de joyita que tiene en su casa). Hablamos aquí de que la prima había ido a la dichosa fiesta, pero estaba preocupada porque (y cito textual): Si nadie le daba comida a su esposo, se le iba a armar un gran problema cuando regresara a su casa.

¿Cómo es posible que aún en esta época escuchemos historias como estas? Es claro que el sujeto en cuestión tiene manos y tiene por lo tanto las mismas posibilidades de prepararse él mismo sus propios alimentos como estoy seguro que la prima de mi amiga también lo puede hacer. ¿Quién se encarga de enseñarle a nuestros jóvenes que formar una relación de pareja implica que uno de los dos tenga que trabajar para el otro como si estuviéramos hablando de un empleo doméstico? ¿Qué expectativas tienen las partes involucradas cuando deciden establecer una relación de pareja? ¿Conversan las parejas sobre estas expectativas?

Imagino que deben haber casos de parejas lo suficientemente maduras como para adelantarse a los hechos y antes de seguir avanzando en la relación, deciden sentarse a conversar acerca de estos temas con el objetivo de tener claro qué esperar de una vida a futuro con ese ser amado. Pero el caso de muchas otras parejas no es ese. Muchas otras incluso se aventuran a tomar un rol que posiblemente ni siquiera fue planeado, solo asumido, y caen en el error fatal de ajustarse a dichos roles sin pensarlo, creando hábitos que posteriormente se convertirán en reclamos cuando una de las partes ya no quiera o no pueda cumplir con lo establecido.

Tal es el caso de muchas familias donde la madre es la que cocina, lava, ordena la casa, etc. mientras los hijos ven televisión y su esposo pasa el tiempo viendo su celular. ¿Conversó esta pareja al inicio de los tiempos acerca de cómo irían a ser las cosas en el futuro hogar que irían a construir? ¿O será posible que tal vez y solo tal vez uno de los dos asumió (o inlcuso los dos asumieron) que así sería la vida y el otro se adaptó (para bien o para mal) a su nuevo rol sin siquiera analizarlo?

Estoy seguro que cada uno de nosotros puede tener una idea de porqué muchas personas asumen que las relaciones son de cierta forma, basado en una infinidad de ejemplos que tenemos en nuestras propias vidas, y las vidas de nuestras familias, esas imágenes que aparecen en las redes sociales que afirman y reafirman ideas nefastas ocultas en "lindas" y "tiernas" frases que dicen cosas como: Mamá nunca descansa. Mamá siempre será la última en quedarse a dormir, etc. Lo cierto es que nos encontramos en un momento de transición en el que los roles tradicionales no encajan más con las nuevas formas que tienen las personas de relacionarse.

Por años las mujeres se encargaban de las labores reproducitvas (criar a los hijos, dedicarse a las labores del hogar al 100% por lo que no cuentan con independencia económica, lo que las pone en una terrible situación de desventaja), mientras que los hombres se encargaban de las labores productivas (ir a trabajar y encargarse de los aspectos económicos del hogar, y claro contaban con la ventaja de quedarse en una muy cómoda posición de poder al ser el dueño del poder económico.). Pero actualmente las mujeres están trabajando y aún siguen asumiento prácticamente en su totalidad el rol reproductivo, reforzado por los aspectos descritos arriba.

Entonces, volviendo al tema original, muchos de los problemas que pasan en las relaciones con personas que no nos convienen, surgen del hecho de que las partes involucradas asumen que la relación será de cierto modo, pero nunca se detienen para conversar dichas ideas asumidas por cada uno. Retomando lo expuesto anteriormente, sería lógico entonces, que una de las partes asuma, que casarse implique tomar de lleno las labores del hogar simplemente porque es mujer, y que el otro asuma que debe hacerse cargo de todas las responsabilidades económicas de la casa por ser hombre, incluso a pesar de que sean los dos quienes cuenten con un trabajo remunerado.

Por lo tanto, si se encuentran familiarizados con una situación en la que su pareja es prácticamente un infante al que usted debe darle de comer, lavarle, plancharle, si se siente que no puede salir sin pedir permiso, si se ha quedado sin amigos por "salvar" esa relación, etc., sería bueno que invierta tiempo en analizar si está usted ante una relación de este tipo. De ser así, es claro que debe sentarse con su pareja y conversar al respecto con el fin de entender si será posible cambiar esa mentalidad.

Si existe un compromiso de cambio, se podría decir que la relación es rescatable (aunque en muchos casos lo recomendando es buscar ayuda profesional, pues cambiar a una persona machista no es tarea fácil). Si de plano la persona no quiere cambiar, y se mantiene firme en sus ideales de que la mujer nació para dedicarse al hogar, y que no debe tener independencia económica (entre otras atrocidades), lo más recomendable es que salga de ahí y no vuelva nunca jamás.

¡Las Conductas Violentas!

Con respecto a los temas de violencia, es sumamente extraño que una persona de buenas a primeras reaccione golpeando hasta matar a la persona que ama. Este tipo de conductas son casi siempre de carácter gradual. Por esta razón es importante prestar atención a detalles que de alguna manera permitan saber de antemano que se está interactuando con una persona violenta.

Por lo general, son personas que ante ciertas situaciones tienen un tipo de reacción que inicialmente es enérgica, suelen hacer algún tipo de sonido para indicar que algo les ha hecho perder la paciencia. Por otro lado, cuando la máscara va cediendo y revelando a la persona real, el siguiente paso es golpear o tirar cosas, romperlas; si la pareja normaliza este tipo de comportamientos, y los deja pasar con la esperanza de que ya no ocurran más, es cuando muy probablemente, la siguiente reacción sea la agresión física.

Ahora bien, no deberíamos pensar nada más en la agresión física cuando se habla de conductas violentas, la agresión tiene muchas caras, y puede ser también de carácter verbal, que causa grandes daños en el ámbito psicológico. Por lo tanto, la condición de alarma en general que deberíamos tener presente para cualquier tipo de situación relacionada con violencia sería, en mí opinión, todo aquello relacionado con faltas de respeto.

Cualquier tipo de humillación, burla, gritos, o comentario que de alguna manera represente un tipo de ataque, es una señal importante que no debe dejarse pasar por alto. Aquí es necesario recordar, que estamos ante la persona a la que se supone que amamos, y a la que se supone que le podemos hablar con total libertad, la sufiente para poder decirle: Ey, ese chistecito que hizo acerca de mí, no me gustó, me hizo sentir mal y honestamente no quisiera que se vuelva a repetir algo así, no es gracioso.

Es entonces lógico, que para situaciones que escalan en el nivel de violencia, se debe ser más enfático(a), y si es el caso, sugerirle a la persona que busque ayuda profesional, y pausar el tema de la relación hasta tener la certeza de que la persona agresora en potencia demuestre su compromiso con erradicar tan molesta conducta.

La conducta violenta ha sido por años normalizada en los hombres, se dice muchas veces, que es algo común, que es parte de su biología, etc., pero lo cierto es que la violencia es aprendida y por lo tanto, es una conducta que no se debe permitir jamás en una relación de pareja (ni en otro tipo de relaciones). No debemos olvidar, que en la actualidad existen muchos esfuerzos en hacer que la sociedad esté más conciente de este tipo de actitud tan reprochable, pero además debemos tener en cuenta, que las mujeres, pueden ser también muy violentas y que en ellas estas conductas tampoco se deben dejar pasar por alto.

En resumen, no es para nada conveniente, ni inteligente, emparejarse con una persona que no sabe controlar su ira, que tiene manifestaciones irrespetuosas con sus seres queridos, y que no parece tener un compromiso fuerte con una idea de cambio, por más trabajador(a), honesto(a), fiel, atractivo(a), único(a) y especial que sea. El respeto es algo que NUNCA se negocia.

Parte II

Como mencioné anteriormente, en una segunda parte intentaré cubrir los demás motivos que considero que surgen con más frecuencia: la codependencia, la privación de libertad, los abusos, los vicios y la infidelidad. Dicho artículo se encuentra disponible aquí: ¿Miedo al cambio? Cuando el miedo a la soledad es más grande que el miedo a estar con una mala compañía (Parte II)

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